“Donde se hace posible Misericordia de Dios”

LA EDITORIAL

Una editorial pastoral es un espacio o proyecto dedicado a crear, publicar y difundir contenidos inspirados en la fe, la acción social y la evangelización , especialmente desde la misión de la Iglesia.

“LA PAZ ESTÉ CON TODOS USTEDES”: HACIA UNA PAZ “DESARMADA Y DESARMANTE”

Esta es la invitación que el Papa Francisco nos hizo en la 59.ª Jornada Mundial de la Paz, celebrada el 1 de enero de 2026.

Debemos ir a lo esencial: nuestra vida como humanos y cristianos debe ser guiada por el Espíritu Santo para que vivamos como Jesús, haciendo de nuestra realidad personal y comunitaria un reflejo de lo que Él vivió y avanzó con signos y palabras. Su saludo al resucitar fue: “La paz esté con ustedes” (Jn 20, 19). Esta es una invitación dirigida a todos —creyentes y no creyentes, sacerdotes, religiosos, laicos, líderes políticos y ciudadanos— a construir el Reino de Dios y trabajar juntos por un futuro humano y pacífico.

Esta construcción de la paz ( peace, paix, pax, shalom, salam, Frieden, pace ) es el anhelo de una humanidad sensata que evoluciona diariamente hacia el ideal de un humanismo más integral, que dignifica y defiende los derechos humanos.

El mensaje del Papa nos invita a rechazar la lógica de la violencia en todos sus sentidos y la guerra irracional. Nos convoca a abrazar una paz auténtica basada en el perdón como opción de vida incondicional; es decir, como un ejercicio personal de limpieza interior y de catarsis que sirve para recuperar el bienestar, pero también para evitar los excesos y la escalada de violencia a través de la venganza.

Desde nuestro humanismo cristiano, el perdón tiene tres momentos:

  • El nivel elemental: Consiste en “no devolver mal por mal”. No responder de la misma manera es fundamental, pues reaccionar violentamente suele ser el impulso primario. El perdón empieza por no desear el mal al otro.

  • El segundo momento: Es “botar el veneno que el mal introduce en mí”; es decir, sanar la herida y extraer la ponzoña que la acción maligna del otro ha dejado en nuestra persona.

  • El tercer momento: Es “devolver bien por mal”. Aquí el perdón se realiza plenamente. Es recordar lo que nos dice San Pablo: “No te dejes vencer por el mal; por el contrario, vence al mal haciendo el bien” (Rm 12, 21).

Bajo este lema debemos vivir siempre: “Ofrece el perdón, recibe la paz” .

Por su parte, la reconciliación surge como la necesidad de restablecer la relación con el otro, la cual se rompe a través del mal. Dado que el ser humano no puede vivir aislado, la reconciliación es un acto profundamente humano y cristiano. Las personas no se reconcilian solo por ser “buenas”, sino por la carencia de algo esencial: el vínculo con el prójimo. El ser humano se bloquea si no está en relación con los demás.

Miremos la teología de la reconciliación en San Pablo: “Y todo es obra de Dios, que nos reconcilió con él por medio de Cristo y nos encomendó el ministerio de la reconciliación” (2 Cor 5, 18). Este versículo emplea el lenguaje de la reconciliación para designar la acción divina. La realidad de la “nueva criatura”, nacida de la muerte de Jesús, es fruto de la reconciliación que Dios mismo obró. Dios es la fuente y Cristo es el medio.

Reconciliar es hacer la paz entre los que estaban en guerra y unir a los que se habían separado. De esta forma, la paz debe ser “desarmada y desarmante” . El camino que Dios nos ha regalado es el perdón, que nos permite ser criaturas nuevas capaces de sanar las ofensas de nuestra historia —ya sean como víctimas o victimarios— y nos ayudará a resolver los conflictos recuperando la confianza mutua, la empatía y la esperanza. No basta con pedir la paz; Debemos encarnarla en un estilo de vida que recace toda forma de violencia, ya sea visible o sistémica.

La invitación es grande. La paz es posible si decidimos, desde donde nos encontremos, experimentar y creer en el perdón y la reconciliación como las vías hacia esa paz “desarmada y desarmante”. En suma, este trabajo es una labor noble que requiere una profunda reflexión social y espiritual. En su sentido más amplio, la paz no es solo la ausencia de guerra, sino un estado de armonía, equilibrio y bienestar en todos los aspectos de la vida.

Como dijo Antoine de Saint-Exupéry: “Si queremos un mundo de paz y de justicia, hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”.

Y finalmente, recordemos que “Cristo es nuestra Paz” (Ef 2, 14).

Pbro. Fabián Emilio Ortega Jiménez